DESARROLLO SOCIAL Y ECONOMIA SOLIDARIA

La exclusión social constituye el más importante, grave, urgente y difícil problema que deben enfrentar las sociedades latinoamericanas, incluida lasdel Caribe y, por ende, la dominicana. Y son tres los hechos que justifican esta afirmación:

 

Por:

Mons.  Víctor Masalles    1/1

 

  1. 1. La proporción de personas y grupos sociales afectados por la exclusión social es enorme, de hecho, respresenta la mayoría.
  2. 2. La exclusión, lejos de ir disminuyendo, se acentúa cada vez con el tiempo. Las dinámicas de globalización y modernización en curso, en vez de incluir a quienes se encuentran marginados, continúan excluyendo a muchos que están actualmente incluidos, si bien precaria y periféricamente.
  3. 3. La inclusión a la sociedad actual es un problema, y se torna aún más difícil en relación al mundo económico y al tipo de sociedad dominante que está emergiendo como consecuencia de las dinámicas tecnológicas, económicas y políticas.

 

EL PROCESO DE LA EXCLUSIÓN SOCIAL.

Lo que suele llamarse el "modelo" económico imperante tiende a funcionar con gran dinamismo, generando un efectivo crecimiento de la producción y de la productividad, impulsando la economía hacia adelante con alta velocidad, integrando tecnologías modernas y avanzadas. Pero en dicho crecimiento y dinamismo, va también concentrando la riqueza en cada vez un menor número de grandes o pequeñas empresas altamente eficientes, y excluyendo progresivamente a cada vez más amplios sectores de la sociedad.

 

Podemos imaginar la dinámica de la economía imperante como un tren moderno que avanza a gran velocidad, y que va acelerando su marcha, y a medida que avanza en cada estación deja pasajeros en el camino, queson más que aquellos que el mercado permite que se suban a los vagones.

 

Vemos que, en su acelerada marcha, ese tren va destruyendo el medio ambiente, la organización social, la sociedad civil, los valores y las culturas tradicionales. Pero eso no es visto desde la perspectiva de quienes conducen el tren o viajan en su interior; o si se ve, no hay tiempo ni recursos para ocuparse mucho en ello. Lo que más interesa es la velocidad, el dinamismo, la eficiencia y la competitividad.

 

En ese tren hay tres tipos de vagones. Los de primera, donde viajan los poderosos, los más ricos, las grandes empresas, mejores negocios, grandes inversionistas, las economías avanzadas. Ahí encuentran todo tipo de comodidades y riqueza; aunque también en ese carro se compite duramente por los mejores asientos, y por tanto se corre el riesgo de ser bajado del tren. Hoy no es fácil permanecer vigente para inversionistas globales y gigantescas empresas transnacionales (líneas aéreas, automotrices, bancos, cadenas de supermercados, empresas de tecnología, etc.).

 

En los vagones de segunda clase viajan las empresas medianas, altos ejecutivos y administradores de grandes empresas, los funcionarios de alto nivel, profesionales exitosos que prestan servicios a los que viajan en primera, y países de mediano desarrollo. En estos vagones hay muchas comodidades, ventajas y privilegios, y se viaja bien; pero hay que trabajar duro para permanecer pues la competencia es muy dura, de modo que los viajeros no tienen tiempo para gozar de lo que poseen y se estresan y se agotan por exceso de actividad, ansiedad y preocupaciones.

 

Después están los vagones de tercera, reservados para empleados y trabajadores que tienen un sueldo que les permite vivir sin comodidades mínimas, llegando a un nivel básico de consumo de bienes, insuficientes e inadecuados servicios de salud, de educación y de recreación. En estos vagones caben muchos, pero también hay competencia y se vive en el peligro de ser bajado en la próxima estación, donde muchos tratarán de subirse.

 

La razón de este modo defuncionar de la economía es fácil de comprender. Se trata de una economía basada en la competencia; competencia que se torna cada vez más dura entre los que participan en la producción y distribución de la riqueza. La competencia es la lucha de todos contra todos, buscando ganar espacios en el mercado y las estructuras del poder. En esta competencia los sujetos económicos, especialmente las empresas, hacen uso de toda su fuerza y su poder para no ser desplazados, y ganar posiciones y crecer.

 

En esta competencia todos luchan usando todas sus capacidades y su poder, y ganan siempre los más fuertes, los más astutos para hacer negocios, los que tienen más recursos, los más poderosos, los que tienen tecnologías más modernas, los que tienen mejores relaciones, los que disponen de mejores formas de gestión.

 

Las empresas más eficientes y grandes van absorbiendo a las de menor dinamismo; los supermercados van desplazando a colmados y tiendas, las grandes cadenas van absorbiendo a los supermercados menos eficientes; las líneas aéreas más dinámicas y eficientes eliminan del mercado a las que lo son tanto; los bancos más competitivos absorben a los menos; las universidades mejor posicionadas expanden su participación en el mercado a expensas de las menos innovadoras. Los profesionales más eficientes desplazan a los menos eficientes. Los trabajadores más productivos a los menos productivos; y así sucesivamente.

 

El problema es que no todos podemos ser los mejores, no todos podemos ser los mas capaces. Las capacidades están distribuidas en una "curva normal". En ella están los muy capaces, los medianos, y los menos capaces. Hay los que tienen mucho poder, los que tienen menos, y los que tienen muy poco. Los que tienen muchos recursos, los que tienen menos, y los que tienen poco; Los muy eficientes, y los que no lo son tanto.

 

Mientras la competencia concentra la actividad económica, se expande también la marginación y la exclusión. Los que no son los "mejores" en la competencia, van siendo desplazados, excluidos, y parece algo inevitable. Así en la economía, cada vez van quedando menos, los más eficientes y dinámicos, pero siempre menos. El resultado de esto es que mientras las grandes empresas van absorbiendo a las menos eficientes, y los profesionales más eficientes van desplazando a los menos eficientes, y los trabajadores más productivos logran conservar sus puestos de trabajo, se va creando una gran desocupación, y así es como se genera, reproduce y amplía la exclusión social.

 

Cuando los mercados se internacionalizan y "globalizan", también los países y las economías entran en competencia, yestán obligados a desmontar protecciones arancelarias y cambiarias, a bajar los impuestos al capital y a la inversión.Las empresas de todo el mundo pasan a ser competidores dentro de un mismo país (el banco de alimentos recibió hace unos meses 60 toneladas de mangos en perfectas condiciones pero que no eran aptos para la exportación, según el criterio de los Estados Unidos). Las grandes multinacionales agropecuarias exigen unos estándares de calidad que excluyen a gran parte del producto local. Las empresas de países desarrollados compiten en base al volumen de sus operaciones y a las avanzadas tecnologías que usan, con las de los países "emergentes" como China, que se hacen competitivos en base al exceso de plusvalía sobre sus habitantes, a quienes se les pagan salarios de miseria con tal de entrar en la competencia.

 

Para los que son marginados fruto de esta competenciaglobal, el "modelo" dispone de dos recetas: 1) Para los definitivamente "inviables", destinados a la pobreza extrema, se focalizar el gasto social a fin que puedan sobrevivir, aunque sea en condiciones de completa dependencia, y 2) para los que tienen alguna capacidad e iniciativa, se provisiona de algún microcrédito de modo que puedan crear una microempresa, la que debe buscar su propio "nicho" de mercado.

 

Lo que se intenta de este modo, es agregar al tren de la economía de competencia capitalista una especie de último vagón de cuarta clase, sin asientos y donde se cabe, pero amontonado a muchos pasajeros más. Pasajeros del mismo tren, o sea, microempresarios imbuidos de espíritu competitivo, que luchen y compitan unos contra otros para sobrevivir, para no ser de nuevo bajados del tren.

 

El problema es que los "nichos" de mercado que dejan estas grandes empresas son escasos, pequeños, e insuficientes para dar oportunidad a la enorme cantidad de microempresas y trabajadores independientes. Se pretende que esas microempresas compitan duramente entre ellas, de modo que puedan sobrevivir las más aptas. Es la misma lógica de la concentración y la exclusión, pero a pequeña escala de los pequeños nichos del mercado aún no ocupados por las grandes empresas, esto es, en el último carro del mismo tren de la competencia. Pero incluso a esos "nichos" y llegan poco a poco las empresas grandes, desplazando una vez más a las micro y pequeñas empresas, quedando muchas personas sin oportunidades reales.

 

Son dos mundos muy distintos que se van formando y que no parecen el mismo país. A veces nos vamos acostumbrando todos a estos grados de exclusión, tanto excluyentes como excluídos, y que va insensibilizando a muchos. Hay una historia de una regidora que viajaba con sus nietos por un barrio de la capital, se escondían asustados por lo distinto del ambiente que ellos vivían y preguntaban: “¿Abuela, en qué país estamos?”.

Lo expuesto aquí no es todo el panorama económico; pero es el "punto focal" y el origen del proceso de exclusión, y comprenderlo nos permite entender también la enorme dificultad existente para revertir esta tendencia y así generar las dinámicas necesarias de inclusión.

Diseño y desarrollo Elvis Socías, Dirección Ramón Burgos
809-642-0508 / elvissocias@gmail.com