ECONOMIA SOLIDARIA

La economía es la ciencia social que se ocupa, principalmente, de estudiar los distintos modos de satisfacer las necesidades humanas teniendo en cuenta los recursos disponibles. Se trata de cubrir las necesidades de la gente, pero, por encima de ello, procurando obtener beneficios con sus actividades.

Por:

Mons.  Víctor Masalles    1/4

 

Frente a los tipos de economía que tienen como objetivo principal la obtención y la acumulación de riqueza por encima de cubrir las necesidades reales de las personas y garantizar su máximo bienestar, la economía solidaria propone invertir estas prioridades poniendo, en primer lugar, el respeto por los derechos humanos, la protección del medio ambiente y la dignidad de las personas. Es un tipo de economía con carácter ético.

 

La economía solidaria es un modelo de desarrollo en beneficio de las comunidades, que tiene su fundamento en las relaciones de la base social, en las personas. Está centrada en la valorizar al ser humano y no tanto en priorizar el capital, como lo pregona el capitalismo más puro. Promueve la cooperación a través de la asociación de las personas y de la autogestión, y está orientada a una economía autogestionado por los mismos actores de la producción.

 

La economía solidaria es una economía que va a contracorriente. Paúl Singer dice que la economía solidaria es una forma de organización económica que lleva la democracia hasta sus últimas consecuencias, pues conlleva en sí una gran carga organizacional y enseña que colectivamente es no solo la forma más digna de salir de las crisis, sino de construir un mundo mejor.

 

La economía solidaria nace de la convicción de que el modelo tradicional de consumo no puede seguir manteniéndose por mucho más tiempo. El ritmo tan acelerado de suministro de materias primas y alimentos que estamos imponiendo al planeta no es sostenible. ¡Solo nosotros somos responsables de ello!. Pensemos en el conflicto que ha causado en una economía consumista como la norteamericana la Encíclica “Laudato Si´”.

 

Los estudiosos de los recursos naturales nos aseguran que si en el mundo entero se consume al mismo ritmo que en los Estados Unidos, los recursos no renovables se acabarían en unos veinte años. Esto nos dice que tenemos que hacer un alto a esta carrera consumista y pensar en una forma razonable y sostenible, y en la que entren todos, que pueda llevar adelante el curso de la economía mundial. Todo apunta a la palabra “solidaridad”, la cual está tan gastada y utilizada para fines clientelistas, pseudofilantrópicos, entre otros.

 

La economía solidaria busca un consumo de bienes y servicios más humano. No se centra en el beneficio económico sino en potenciar otro tipo de valores en la sociedad como serían la solidaridad o la cooperación entre sus miembros. ¡Una filosofía cada día más extendida y practicada! Mediante una economía solidaria se potencia un consumo más responsable donde se cuide y respete el medioambiente, porque se busca satisfacer nuestras necesidades de forma sostenible.

 

La economía solidaria abre las puertas a un futuro más equilibrado y justo para todas las personas, en el que todos y todas tengamos cabida. Colaborar con ello no es sencillo, y requiere un cambio de mentalidad que transforme nuestros hábitos de consumo y oriente nuestras acciones en un mismo sentido. ¡Otro mundo es posible, si se hace una realidad entre todos! Todo esto suena a utopía, a sueños, a inclusión, a marxismo rancio, a comunismo descontinuado, en fin, a todo lo que pertenece al sueño de fraternidad evangélica equiparable a lo de las primeras comunidades.

 

La Economía Solidaria es un enfoque de la actividad económica que tiene en cuenta a las personas, el medio ambiente y el desarrollo sostenible y sustentable, como referencia prioritaria por encima de otros intereses.

 

Algunas prácticas de economía solidaria son: redes de comercio justo, el aumento de las cooperativas de trabajo y la apuesta creciente por procesos de producción, trabajo y distribución auto gestionados, emprendidos por personas y comunidades de todos los rincones del planeta.

 

ORIGEN DE LA ECONOMIA SOLIDARIA

Tiene su origen en el asociacionismo obrero del siglo XIX; frente a la degradación de las condiciones de vida, la explotación de los obreros, desempleo y la migración a las ciudades que provocó la Revolución Industrial; los obreros se organizaron y surgieron las primeras cooperativas y sociedades mutualistas de la era moderna.

 

Uno de los principales componentes de la Economía Solidaria ha sido el cooperati-vismo y los principios que regulan a las cooperativas, aún hoy en día, se basan en los de la Cooperativa Rochdale de Inglaterra (1844), mismos que fueron adoptados por la Alianza Cooperativa Internacional creada en Londres en 1895.

 

BREVE Historia del cooperativismo en Rd

En nuestro país la idea del cooperativismo comenzó a mediados de 1946, y estuvo a cargo de sacerdotes de la orden de los Scarboros, que organizaron la primera cooperativa de ahorros y crédito en Manoguayabo por el P. Alfonso Chafe, luego el también el P. Santiago Walsh, párroco de Bayaguana, organizó otra cooperativa.

 

La orden de los padres Scarboros observó la necesidad de traer a una persona técnicamente formada en asuntos cooperativos e hicieron del conocimiento de sus superiores en Canadá, quienes no vacilaron en la decisión a tomar, enviando al P. Pablo Steele a San Francisco de Macorís, quien desde su llegada fue encargado de la parroquia de la Villa de Boyá y a la vez se encargaba de elaborar los planes para la promoción de cooperativas, a nivel de todo el país.

 

En 1945, se inició una cooperativa de ahorro y crédito en Boyá, otra en el poblado de Monte Plata y para noviembre de ese mismo año se organizó la primera cooperativa de consumo en la ciudad Capital, la cooperativa San Juan Bosco, bajo las orientaciones del P. Juan Balliri y del Dr. Alfonso Rochoc. Esta primera parte del cooperativismo dominicano culmina con la organización de la Federación de Cooperativas de Ahorro y Crédito (FEDOCOOP) el primero de agosto del 1949 (está actualmente en la sede en la 16 de agosto No. 35 del sector San Carlos).

 

En Asamblea celebrada en el Salón Parroquial de la Iglesia San Juan Bosco, con la asistencia de 25 delegados de 8 cooperativas, desde ese momento el movimiento cooperativo dominicano se expandió por todo el país. Ese proceso de crecimiento fue cercenado por la Tiranía Trujillista que produjo un forzado receso por el notable crecimiento económico y social del cooperativismo nacional.

 

Con la desaparición de la Tiranía Trujillista se inicia el período fértil o el auge del cooperativismo dominicano con el reagrupamiento del nivel primario y la Rehabi-litación de la FEDOCOOP, constituida en 1949.

 

Es de esa manera y dentro del contexto de las nuevas condiciones que se obtiene un creciente desarrollo del movimiento y en pocos años el sector cooperativo cuenta con la legislación que crea el IDECOOP, el 25 de octubre del 1963, mediante la Ley 31, y también la Ley 127 de enero de 1964, que regula las actividades de las cooperativas.

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