DESARROLLO SOCIAL Y ECONOMIA SOLIDARIA

En un sentido teórico, cuando se dice "economía de solidaridad" se plantea la necesidad de introducir la solidaridad en la Economía, de incorporar la solidaridad en la teoría y en la práctica de la economía.Pero estamos habitua-dos a pensar la economía y la solidaridad como parte de diferentes preocupaciones y discursos, cuando llegamos a relacionarlas tendemos a establecer el nexo entre ellas de otro modo, el cual es la valorización del trabajo.

Por:

Mons.  Víctor Masalles    1/5

 

 

Normalmente se piensa que primero estaría el tiempo de la economía, en que los bienes y servicios son producidos y distribuídos. Una vez efectuada la producción y distribución sería el momento de que entre en acción la solidaridad, para compartir y ayudar a los que resultaron desfavorecidos por la economía y quedaron más necesitados. La solidaridad empezaría cuando la economía ha terminado su tarea y función específica. La solidaridad se haría con los resultados -productos, recursos, bienes y servicios- de la actividad económica, pero no serían solidarias la actividad económica misma, sus estructuras y procesos.

 

Concebir una Economía solidaria implicaría que la solidaridad se introdujera en la economía misma, y que opere y actúe en las diversas fases del ciclo económico, o sea, en la producción, circulación, consumo y acumulación. Ello implicaría produ-cir con solidaridad, distribuir con solidaridad, consumir con solidaridad, acumular y desarrollar con solidaridad. Y que se introdujera y comparezca también en la teoría económica,  superando una ausencia muy notoria en una disciplina en la cual el concepto de solidaridad pareciera no encajar apropiadamente.

 

A un connotado economista al que se le preguntó por la economía de solidaridad, que es necesario que exista tanta solidaridad como sea posible, siempre que no interfiera en los procesos y estructuras económicas que podrían verse afectadas en sus propios equilibrios. Pero la idea de la economía de solidaridad es exactamente lo contrario: que la solidaridad fuera tanta que llegue a transformar desde dentro y estructuralmente a la economía, generando nuevos y verdaderos equilibrios.

 

Si tal es el sentido profundo y el contenido esencial de la economía de solidaridad nos preguntamos entonces en qué formas concretas se manifiestará esa presencia activa de la solidaridad en la economía. Nuestra pregunta inicial: ¿qué es la eco-nomía de solidaridad?, se especifica en esta otra: ¿Cómo se puede producir, distribuir, consumir y acumular solidariamente?

 

Visto el sistema imperante, todo esto es una utopía, pues la economía mundial se globaliza y parece tener una tendencia irreversible a la continua exclusión, por lo que permanece obvio que la solidaridad no puede entrar en el proceso económico actual, sólo en unidades solidarias, comunidades, al margen del sistema.

 

En este sentido, de una economía solidaria podemos desprender tan sólo algunos principios básicos.

 

PRINCIPIOS BÁSICOS DE LA ECONOMÍA SOLIDARIA

1. Principio de equidad:

La equidad introduce un principio ético o de justicia en la igualdad.  Es un valor que reconoce a todas las personas como sujetos de igual dignidad, y protege su derecho a no estar sometidas a relaciones basadas en la dominación sea cual sea su condición social, género, edad, raza, origen, capacidad, etc.

 

Una sociedad más justa es aquella en la que todas las personas se reconocen mutuamente como iguales en derechos y posibilidades, y tiene en cuenta las diferencias existentes entre las personas y los grupos. Por ello debe satisfacer de manera equitativa los intereses respectivos de todas las personas

 

La igualdad es un objetivo social esencial allí donde su ausencia trae consigo un déficit de dignidad. Cuando se vincula con el reconocimiento y respeto a la diferencia, lo denominamos “equidad”.

2. Principio de trabajo

El trabajo es un elemento clave en la calidad de vida de las personas, de la comunidad y de las relaciones económicas entre la ciudadanía, los pueblos y los Estados.

 

Es importante recuperar la dimensión humana, social, política, económica y cultural del trabajo que permita el desarrollo de las capacidades de las personas, produciendo bienes y servicios, para satisfacer las verdaderas necesidades de la población (nuestras, de nuestro entorno inmediato y de la comunidad en general). Por eso para nosotros el trabajo es mucho más que un empleo u ocupación 

 

Dentro de esta dimensión social hay que destacar que, sin la aportación del trabajo llevado a cabo en el ámbito del cuidado a las personas, fundamentalmente realizado por las mujeres, nuestra sociedad no podría sostenerse. Trabajo que aún no está suficientemente reconocido por la sociedad ni repartido equitativamente. 

3. Principio de sostenibilidad ambiental

Toda nuestra actividad productiva y económica está relacionada con la naturaleza, por ello nuestra alianza con ella y el reconocimiento de sus derechos es nuestro punto de partida.

 

Nuestra buena relación con la Naturaleza es una fuente de riqueza económica, y de buena salud para todos. De ahí la necesidad fundamental de integrar la sostenibilidad ambiental en todas nuestras acciones, evaluando nuestro impacto ambiental (huella ecológica) de manera permanente.

 

Se pretende reducir significativamente la huella ecológica humana en todas nuestras actividades, avanzando hacia formas sostenibles y equitativas de producción y consumo, y promoviendo una ética de la suficiencia y de la austeridad.

 

4. Principio de cooperación

La economía solidaria pretende favorecer la cooperación en lugar de la competencia buscando la colaboración con otras entidades y organismos públicos y privados.

 

Construir colectivamente un modelo de sociedad basándonos en el desarrollo local armónico, las relaciones comerciales justas, la igualdad, la confianza, la corresponsabilidad, la transparencia, el respeto, etc..

 

La Economía Solidaria está basada en una ética participativa y democrática, que quiere fomentar el aprendizaje y el trabajo cooperativo entre personas y organizaciones, mediante procesos de colaboración, de toma de decisiones conjuntas, de asunción compartida de responsabilidades y deberes, que garanticen la máxima horizontalidad posible a la vez que respeten la autonomía de cada una, sin generar dependencias.

 

Estos procesos de cooperación deben extenderse a todos los ámbitos: local, regional, estatal e internacional y deben normalmente articularse en Redes donde se vivan y se fomente esos valores.

5. Principio sin fines lucrativos

El modelo económico que practicamos y perseguimos tiene como finalidad el desarrollo integral, colectivo e individual de las personas, y como medio, la gestión eficiente de proyectos económicamente viables, sostenibles e integralmente rentables, cuyos beneficios se reinvierten y redistribuyen.

 

Esta “no – lucratividad”, está íntimamente unida a nuestra forma de medir los balances de resultados, que tienen en cuenta no solo los aspectos económicos, sino también los humanos, sociales, medioambientales, culturales y participativos y el resultado final es el beneficio integral.

 

Se entiende por ello que nuestras actividades destinan los posibles beneficios a la mejora o ampliación del objeto social de los proyectos, así como al apoyo de otras iniciativas solidarias de interés general, participando de esta manera en la construcción de un modelo social más humano, solidario y equitativo.

 

6. Principio de compromiso con el entorno

Se establece un compromiso con el entorno se concreta en la participación en el desarrollo local sostenible y comunitario del territorio.

 

Debe haber una autentica integración en el territorio y entorno social. La cooperación con otras organizaciones del tejido social y económico cercano, dentro del mismo ámbito geográfico.

 

El compromiso en el ámbito local nos aboca a articularnos en dimensiones más amplias para buscar soluciones más globales, interpretando la necesidad de transitar continuamente entre lo micro y lo macro, lo local y lo global.

 

A MODO DE CONCLUSION

Hablar de solidaridad desde un sistema económico es una utopía hoy día, y mucho más en la República Dominicana, en una cultura eminentemente individualista, en la que se está acostumbrado casi siempre a “resolver por su propia cuenta”.

 

Por ejemplo, hablando específicamente en Baní hay muchas dificultades para que los productores se asocien. La dificultad es que cada quien quiere tener su propio tractor, sus propias herramientas, resolver sus propios problemas, cuando los costos de producción bajan enormemente cuando el productor se asocia. 

 

Pero romper con estos esquemas es muy difícil, ya que los ideales no siempre son colectivos ni solidarios. Muchas veces los sueños se trasladan a la ciudad, al mundo del consumismo, a la búsqueda de una mejor vida individual a como de lugar, sin tomar en cuenta el proyecto común al que hemos sido llamados.

 

Por eso, economía solidaria puede sonar a idealismo y a utopía; pareciera que sólo se podría hablar de solidaridad donde hay necesidad de ayuda. Lo que se puededecir con certeza es que la economía de solidaridad no es utópica, pues utópico es lo que no está en ningún lugar. Pero las dos componentes de la Economía Solidaria existen en el mundo, existe la Economía, y existe también la solidaridad.

 

Quizás la economía de solidaridad está un poco en todas partes, y desde allí, desde donde está nos invita a desarrollarla. Cuando Juan Pablo II dijo que "la economía de la solidaridad es la gran esperanza para América Latina", seguramente no hizo una afirmación vanamente retórica.

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